Uno es maestro desde que amanece un día hasta que amanece el siguiente. No quiere decir esto que estemos todo el día explicando a los que nos acompañan cómo realizan las plantas la fotosíntesis o cómo se escriben los verbos teminados en bir, que no es eso. ¡Pobres de ellos! Lo que quiero decir es que somos educadores (junto con los padres, no en lugar de los padres que a veces hay confusión) y debemos actuar en nuestra vida de una forma coherente con nuestras palabras (igual que deben hacer los padres). A lo que voy, que si decimos que se cruza en verde, cruzamos en verde, delante o no de nuestros alumnos (hijos), que si hablamos de no discutir y de llevarnos bien, nosotros no debemos discutir, al menos delante de ellos, y mantener las formas ( ¡cuántas guerras se habrían evitado si se hubieran mantenido las formas!), y esto es aplicable a todos nuestros actos del día, con alumnos (hijos) o no. Siempre hay alguien que nos ve ( un padre, un compañero, un colega ) y puede pensar si somos dignos o no de que se ponga en nuestras manos ese arma tan poderosa que es la educación.
Se dice que honrado es aquel que actúa bien incluso cuando nadie le ve.¡Seamos honrados! (Esto también va para los niños).

